El desafío de convertir nuevos mercados en más exportadores
Por Lic. Yanina S. LojoMg. en Dirección de Finanzas y Control
Los acuerdos con la Unión Europea, Singapur y EFTA, la relación comercial con Estados Unidos y las negociaciones con Canadá, India, Vietnam y Japón están ampliando la geografía económica argentina. A ello se suma la solicitud de adhesión al CPTPP. El desafío que comienza es transformar ese mayor acceso a mercados en inversión, productividad, diversificación y una base exportadora más amplia y sostenible.
El comercio exterior argentino está atravesando una transformación que excede ampliamente la eliminación de restricciones o la simplificación de procedimientos. Lo que empieza a tomar forma es un mapa de inserción internacional considerablemente más amplio, con acuerdos concluidos, instrumentos en proceso de ratificación y negociaciones simultáneas con algunas de las principales economías desarrolladas y emergentes del mundo.
La Unión Europea, Singapur y EFTA son probablemente las expresiones más visibles de ese proceso. Pero el mapa es mayor. El MERCOSUR negocia con Canadá, inició negociaciones con Japón, avanza hacia una primera ronda con Vietnam y trabaja en la profundización del acuerdo preferencial con India. Argentina, además, presentó formalmente en junio su solicitud de adhesión al CPTPP, el acuerdo transpacífico que reúne a doce economías y representa aproximadamente el 13% del PIB y el 15% del comercio mundial de bienes.
Estados Unidos agrega otra pieza a esa arquitectura. En febrero de 2026 ambos países firmaron el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos, que prevé, entre otros compromisos, la eliminación estadounidense de los aranceles recíprocos para 1.675 productos argentinos.
Considerados individualmente, cada uno de estos procesos responde a una negociación diferente. Observados en conjunto, muestran algo más importante: Argentina está intentando modificar la geografía de su inserción económica internacional. Y esa transformación cambia también la naturaleza de la discusión sobre competitividad.
Del mercado regional a una geografía comercial más amplia
Durante décadas, una de las características de la inserción argentina fue la limitada cobertura de su red de acuerdos extrarregionales. El MERCOSUR construyó una importante integración regional y celebró acuerdos con algunos mercados externos, pero quedó relativamente rezagado frente a otras economías latinoamericanas que desarrollaron redes más extensas de tratados comerciales. El escenario actual comienza a ser diferente.
El Acuerdo Interino de Comercio MERCOSUR-Unión Europea se encuentra en aplicación provisional desde el 1° de mayo de 2026. El acuerdo MERCOSUR-EFTA fue firmado en septiembre de 2025 y está atravesando los procedimientos internos necesarios para su entrada en vigor. El acuerdo con Singapur avanza en su ratificación. Paralelamente, existe una agenda negociadora que comprende América del Norte, Asia del Sur, Sudeste Asiático y Asia-Pacífico. La diversificación geográfica es particularmente relevante.
Argentina no está buscando solamente mejorar las condiciones de acceso a mercados tradicionales. Está construyendo simultáneamente vínculos comerciales con economías desarrolladas de altos ingresos, grandes mercados emergentes y plataformas centrales del comercio internacional.
En este nuevo mapa, Singapur y EFTA permiten comprender por qué el valor de un acuerdo comercial ya no puede medirse solamente por la población del socio o por el intercambio bilateral existente antes de su firma.
Singapur: mucho más que un mercado de seis millones de habitantes
Singapur constituye probablemente el mejor ejemplo. Una lectura basada exclusivamente en el tamaño de su mercado doméstico podría subestimar su importancia. Con poco más de seis millones de habitantes, difícilmente pueda compararse en términos de demanda final con Estados Unidos, la Unión Europea, India o Brasil.
Pero esa no es la variable que explica su relevancia. Singapur es uno de los principales centros logísticos, financieros, tecnológicos y comerciales de Asia. Su importancia reside tanto en lo que consume como en la función que cumple dentro de las cadenas regionales y globales de valor.
Para las empresas argentinas, por lo tanto, puede funcionar como una puerta de entrada comercial y empresarial hacia ASEAN y el Sudeste Asiático, aunque aquí corresponde hacer una distinción técnica importante: el acuerdo con Singapur no concede preferencias arancelarias automáticas en los demás países de ASEAN. La condición de puerta de entrada surge de su función como hub logístico, financiero y corporativo, no de una extensión jurídica del acuerdo al resto del bloque. La distinción es importante porque permite comprender dónde está realmente la oportunidad.
Singapur puede ser destino final de alimentos, manufacturas y servicios argentinos, pero también plataforma de distribución, sede regional de empresas, punto de acceso a capital, servicios financieros y nodo para construir relaciones comerciales en una región que se encuentra entre las de mayor dinamismo económico del mundo. El acuerdo adquiere todavía más valor cuando se lo observa junto con los demás movimientos argentinos hacia Asia-Pacífico.
En diciembre de 2025 el MERCOSUR lanzó formalmente la negociación de un Acuerdo Comercial Preferencial con Vietnam. El propio bloque vinculó esta negociación con el objetivo de ampliar su proyección comercial en el Sudeste Asiático. A ello se suma el inicio de negociaciones con Japón para un Acuerdo de Asociación Económica. Japón se encuentra entre los diez principales socios comerciales del MERCOSUR; el intercambio alcanzó US$13.700 millones en 2025 y un eventual acuerdo integraría una zona económica de alrededor de 400 millones de personas y US$7 billones de PIB combinado.
Y existe una pieza adicional: el CPTPP. Argentina solicitó formalmente su adhesión el 2 de junio. Sus doce miembros —entre ellos Japón, Singapur, Vietnam, Canadá, Australia, Malasia, México, Chile, Perú y Reino Unido— reúnen un PIB nominal de aproximadamente US$12,2 billones. Argentina ya exportó a ese conjunto US$16.329 millones en 2025, con un superávit de US$8.930 millones.
Singapur, entonces, deja de ser un acuerdo aislado. Es una de las piezas de una estrategia potencialmente mucho más amplia de inserción argentina en Asia-Pacífico.
EFTA: la oportunidad detrás de cuatro mercados altamente sofisticados
Algo similar ocurre con EFTA. Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein suman una población relativamente pequeña. Pero constituyen economías de muy alto ingreso, gran capacidad de inversión, elevada sofisticación productiva y tecnológica y fuerte integración con los mercados europeos.
El acuerdo firmado entre MERCOSUR y EFTA conformaría una zona de libre comercio de casi 300 millones de habitantes y más de US$4,3 billones de PIB combinado. Más importante todavía desde la perspectiva comercial: mejorará las condiciones de acceso para más del 97% de las exportaciones de ambas partes.
Para Argentina, las oportunidades no deberían limitarse a calcular cuánto podría aumentar el comercio bilateral de bienes. El acuerdo comprende comercio de bienes y servicios, inversiones, propiedad intelectual, contratación pública, competencia, reglas de origen, medidas sanitarias y fitosanitarias, obstáculos técnicos al comercio y desarrollo sostenible. También incorpora disposiciones destinadas a modernizar los procedimientos aduaneros y mecanismos de acumulación de origen.
Esto abre una agenda particularmente interesante para sectores agroalimentarios de mayor diferenciación, pesca, vitivinicultura, manufacturas, servicios basados en conocimiento, energía, minería y proveedores vinculados a estas actividades.
Pero existe una segunda dimensión. La relación con economías como Suiza y Noruega debe analizarse también desde la inversión, la tecnología y la integración productiva. En una Argentina que busca desarrollar a mayor escala minería, energía, infraestructura y economía del conocimiento, la capacidad de atraer capital y construir vínculos empresariales puede ser tan relevante como el acceso arancelario.
En otras palabras, EFTA permite pasar de la pregunta tradicional —“¿cuánto podemos exportarles?”— a una bastante más interesante: ¿qué relaciones productivas, comerciales y de inversión puede construir Argentina a partir de un marco económico más profundo y previsible?
India: escala, alimentos y una relación que ya está creciendo
India presenta una oportunidad de naturaleza diferente. Argentina y el MERCOSUR ya cuentan con un Acuerdo de Comercio Preferencial con India, vigente desde 2009. La agenda actual apunta a profundizarlo y ampliar su cobertura.
Y los números muestran por qué importa. En 2025 las exportaciones argentinas hacia India alcanzaron un récord de US$5.472 millones, con un crecimiento interanual del 39,1%. Durante los primeros siete meses de 2026 sumaron otros US$3.685 millones. India se consolidó así como el quinto socio comercial de Argentina.
Para el sector agroindustrial, la combinación de crecimiento económico, expansión de la clase media y necesidades de seguridad alimentaria genera oportunidades evidentes. Pero el mercado presenta al mismo tiempo aranceles elevados y fluctuantes para productos de interés argentino y diferentes barreras no arancelarias, incluidas medidas sanitarias y fitosanitarias. Precisamente por eso, la ampliación del acuerdo existente podría tener un impacto considerable sobre las condiciones efectivas de acceso.
Aquí aparece otra característica del nuevo mapa: no todos los mercados ofrecen la misma oportunidad. Singapur aporta plataforma y conectividad. EFTA, poder adquisitivo, inversión y sofisticación. India, escala y demanda. Y la estrategia de inserción debe poder distinguir esas diferencias.
Canadá y la diversificación hacia América del Norte
Canadá incorpora otra dimensión. El MERCOSUR mantiene activa la negociación de un acuerdo de libre comercio, que incluye no solamente acceso a bienes sino también servicios, inversiones, reglas de origen y otras disciplinas propias de los acuerdos comerciales modernos.
Para Argentina existe un interés evidente en sectores como agroindustria, minería, energía, servicios y tecnología. Pero Canadá también resulta relevante por otra razón: es simultáneamente un mercado desarrollado de alto poder adquisitivo, una fuente potencial de inversiones y uno de los miembros del CPTPP.
La superposición de estas distintas vías de integración comienza a construir algo que Argentina tuvo durante mucho tiempo de manera limitada: opciones de acceso y vinculación económica diversificadas entre regiones.
De la cobertura comercial a la densidad exportadora
Aquí aparece el punto central. Argentina está aumentando su cobertura comercial: la cantidad y relevancia económica de los mercados alcanzados o potencialmente alcanzables mediante acuerdos.
El próximo desafío es aumentar su densidad exportadora. Es decir: conseguir que más empresas, más productos, más servicios y más regiones del país utilicen efectivamente esa red.
Los datos recientes ofrecen algunas señales interesantes. Entre enero y julio de 2026, las exportaciones argentinas alcanzaron US$58.365 millones, un aumento del 22,9% interanual. El comercio total superó los US$100.000 millones y el país acumuló un superávit de US$16.080 millones. Pero un análisis de la capacidad exportadora necesita mirar más allá del valor FOB.
Históricamente, Argentina llegó a registrar 15.075 empresas exportadoras en 2006. Para 2024 eran 9.085. Ese año, además, apenas el 9% de las firmas concentró el 93,6% del valor exportado y las diez principales explicaron el 42%.
La fotografía más reciente, sin embargo, muestra una mejora en la participación de las PyMEs exportadoras. Y ese dato es especialmente relevante porque introduce una pregunta diferente: ¿estamos ante el comienzo de una ampliación sostenida de la base empresarial que participa del comercio exterior? Esa debería ser una de las variables centrales para evaluar los próximos años.
Margen intensivo, margen extensivo y permanencia
En la literatura de comercio internacional suele distinguirse entre el margen intensivo y el margen extensivo de las exportaciones. El primero refiere, simplificando, al crecimiento de las ventas de quienes ya exportan. El segundo incorpora nuevas empresas, productos y mercados.
Argentina necesita avanzar en ambos. El aumento del valor exportado es importante, pero una internacionalización más profunda requiere simultáneamente incorporar empresas y conseguir que permanezcan en los mercados.
De allí surge lo que en nuestro trabajo sobre la agenda pendiente del comercio exterior denominamos “la regla de la primera venta”: además de observar cuántos dólares exporta Argentina, deberíamos medir cuántas empresas realizan cada año su primera exportación y cuántas consiguen continuar exportando posteriormente. Este indicador se vuelve todavía más relevante cuando el país está ampliando su red de acuerdos.
El verdadero aprovechamiento de Singapur, EFTA, Unión Europea, Canadá, India o Vietnam no debería evaluarse solamente observando si aumentan las ventas de los grandes exportadores ya consolidados. También deberíamos preguntarnos cuántas empresas nuevas consiguen ingresar.
Tener una preferencia y utilizarla no es lo mismo
Existe además un concepto fundamental para la próxima etapa de la política comercial argentina: la utilización efectiva de las preferencias.
La firma de un acuerdo puede reducir o eliminar un arancel. Pero para utilizar esa preferencia la empresa debe cumplir con la regla de origen, acreditar el origen cuando corresponda, satisfacer requisitos técnicos o sanitarios, conocer los procedimientos y asumir los costos administrativos asociados. Por eso, una política comercial moderna debería empezar a observar sistemáticamente no solamente la cobertura y profundidad de los acuerdos, sino sus tasas de utilización efectiva.
Es un cambio relevante de perspectiva. El arancel negociado mide la oportunidad jurídica. La utilización de la preferencia mide cuánto de esa oportunidad llega efectivamente a las empresas. Y allí comienza la agenda de competitividad.
El costo sistémico de comerciar
Durante años, la competitividad argentina fue discutida casi exclusivamente a través del tipo de cambio. El tipo de cambio importa y puede afectar de manera considerable la rentabilidad exportadora. Pero una empresa no compite con una única variable. Compite con toda una estructura.
Logística, financiamiento, infraestructura, impuestos, regulaciones, energía, productividad y escala forman parte del costo con el que una empresa llega al mercado internacional. Los costos logísticos permiten dimensionar el problema. Para un recorrido comparable de 320 kilómetros, transportar granos por camión en Argentina resultó 32% más costoso que en Brasil y 28% más que en Estados Unidos. Para producciones alejadas de los nodos portuarios, el peso del transporte sobre el valor del producto puede ser todavía mayor. La conexión con los acuerdos comerciales es directa.
Una preferencia arancelaria mejora la competitividad relativa de un producto argentino en destino. Pero los costos internos determinan cuánto de esa ventaja llega efectivamente hasta el cliente. Por eso, política comercial y política de competitividad empiezan a convertirse en dos dimensiones de una misma estrategia de inserción internacional.
El financiamiento también determina quién puede exportar
Para una PyME, además, existe una restricción adicional. Exportar demanda capital de trabajo. Hay que comprar insumos, producir, mantener inventarios, transportar, financiar el tránsito y, muchas veces, esperar el plazo acordado para cobrar.
Argentina continúa teniendo un sistema financiero poco profundo en comparación con otras economías regionales. El material que analizamos muestra justamente la distancia existente en crédito privado y, especialmente, en financiamiento empresarial. Esto permite entender por qué la eliminación de un arancel, aun siendo importante, puede resultar insuficiente para incorporar nuevos exportadores. Una empresa puede obtener acceso preferencial a un mercado y no disponer del capital necesario para aumentar escala, financiar una certificación o sostener el ciclo financiero de la operación. Desde el punto de vista económico, el financiamiento forma parte de la capacidad de acceso al mercado.
Una agenda también para las empresas
La nueva geografía comercial exige además un cambio dentro de las compañías. Cuantos más acuerdos tenga Argentina, mayor será la necesidad de comprender cronogramas de desgravación, reglas de origen, acumulación, requisitos técnicos, medidas sanitarias y fitosanitarias, procedimientos aduaneros, tributación, logística y alternativas financieras.
El comercio exterior deja de ser solamente una función operativa. Se convierte en estrategia. El profesional de comercio exterior necesita participar antes de que una operación esté cerrada: interpretando mercados, costos, riesgos, regulaciones, origen y alternativas logísticas y financieras. Profesionalizar esa función también es construir competitividad.
Y esta transformación puede ser particularmente importante para las PyMEs, donde las capacidades necesarias para analizar un acuerdo o desarrollar un nuevo mercado suelen estar mucho menos disponibles que en una gran compañía.
¿Cómo medir esta nueva etapa?
La ampliación del mapa comercial argentino debería venir acompañada de una ampliación de los indicadores con los que evaluamos sus resultados. Valor exportado, cantidades y saldo comercial seguirán siendo variables fundamentales. Pero deberían complementarse con otras: cantidad de empresas exportadoras, nuevos exportadores, supervivencia exportadora, nuevos productos, nuevos destinos, participación de las PyMEs, diversificación provincial, exportaciones de servicios, utilización de preferencias e inversiones asociadas a los acuerdos.
Incluso los datos recientes muestran la importancia de mirar distintas dimensiones. En julio de 2026 las exportaciones aumentaron US$1.093 millones frente al mismo mes del año anterior. De ese incremento, US$963 millones correspondieron al efecto precio y US$130 millones al efecto cantidad.
El valor exportado creció, pero el dato permite distinguir cuánto proviene de mejores precios y cuánto de una expansión física de las ventas. La misma lógica debería aplicarse a los acuerdos. No alcanza con saber cuánto comercio adicional generan. Importa conocer qué transformación productiva generan detrás de ese comercio.
De abrir mercados a ocuparlos
Argentina está construyendo una arquitectura de inserción internacional considerablemente más amplia.
La Unión Europea abre una relación preferencial con uno de los mayores mercados del planeta. EFTA vincula al MERCOSUR con economías de altísimo ingreso, inversión y sofisticación. Singapur ofrece una plataforma estratégica hacia el Sudeste Asiático. India aporta escala y demanda creciente. Canadá combina mercado, capital y tecnología. Vietnam y Japón profundizan la proyección asiática. El CPTPP podría multiplicar esa integración. Y Estados Unidos agrega una dimensión comercial, inversora y estratégica propia.
No todas esas oportunidades son iguales. Y justamente por eso el desafío es más interesante. Argentina necesita desarrollar una estrategia capaz de identificar qué puede obtener de cada relación: exportaciones, inversiones, tecnología, cadenas de valor, servicios, financiamiento, nuevos mercados o una combinación de ellos.
La política comercial está ampliando la cobertura. La próxima etapa consiste en aumentar la densidad de nuestra inserción. Más empresas. Más PyMEs. Más productos y servicios. Más provincias. Más mercados. Mayor utilización de preferencias. Y, sobre todo, mayor permanencia de las empresas que consiguen internacionalizarse.
Para lograrlo, la agenda externa y la agenda interna deberán avanzar juntas. Los acuerdos pueden mejorar las condiciones de acceso. La infraestructura, la logística, el financiamiento, la productividad, la regulación y la profesionalización empresarial determinan la capacidad para aprovecharlas.
Argentina está redibujando su mapa comercial. La oportunidad de los próximos años será conseguir que cada vez más empresas argentinas puedan ocuparlo.
Fuente: www.NetNews.com.ar
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