El "efecto EE. UU." impulsó un 43% las exportaciones de carne en el primer semestre
Las exportaciones argentinas de carne bovina alcanzaron los USD 2.394 millones durante el primer semestre de 2026, un 43% más que en igual período del año anterior, según datos elaborados por la Gerencia de Inteligencia Comercial de PromArgentina sobre la base de estadísticas oficiales.
Los principales destinos continuaron siendo China y Estados Unidos, aunque fue este último mercado el que mostró el crecimiento más significativo. Entre enero y junio, las ventas a Estados Unidos alcanzaron USD 463 millones, lo que representa un incremento interanual del 415%, mientras que sólo en junio las exportaciones sumaron USD 101 millones.
El desempeño de la carne vacuna acompañó el buen momento del comercio exterior argentino. En el primer semestre, las exportaciones totales del país alcanzaron un récord para ese período de USD 49.454 millones, con un crecimiento interanual del 24,4%, mientras que la balanza comercial acumuló un superávit de USD 13.923 millones.
Si bien PromArgentina atribuye parte del crecimiento a las acciones de promoción comercial desarrolladas este año en Estados Unidos, el fuerte salto de las exportaciones responde principalmente a un cambio mucho más profundo: la ampliación del acceso de la carne argentina al mercado estadounidense.
En febrero de este año, Argentina y Estados Unidos firmaron un acuerdo comercial dentro de un nuevo marco de cooperación bilateral. Como parte de ese entendimiento, la administración de Donald Trump emitió una proclamación que incrementó en 80.000 toneladas la cuota de importación de carne vacuna argentina con arancel preferencial, que se suman a las 20.000 toneladas que el país ya poseía bajo el régimen vigente. En la práctica, Argentina pasó de contar con una cuota preferencial de 20.000 a 100.000 toneladas anuales para determinados productos cárnicos.
Hasta ese momento, una vez agotadas las 20.000 toneladas, la carne argentina debía ingresar pagando un arancel del 26,4%, lo que reducía considerablemente su competitividad en ese mercado. La ampliación de la cuota modificó sustancialmente ese escenario.
La crisis ganadera de Estados Unidos abrió una oportunidad
La decisión de Washington no obedeció a una concesión comercial hacia Argentina, sino a una necesidad interna.
Estados Unidos atraviesa la menor disponibilidad de ganado bovino en aproximadamente 75 años, consecuencia de varios años de sequía que deterioraron los campos de pastoreo, elevaron los costos de alimentación y llevaron a muchos productores a reducir sus rodeos. Como resultado, la oferta de carne disminuyó mientras el consumo interno se mantuvo elevado, impulsando los precios a niveles récord.
Frente a ese escenario, la Casa Blanca decidió ampliar las importaciones de carne magra para abastecer a la industria elaboradora de hamburguesas y contribuir a moderar los precios que pagan los consumidores estadounidenses. La cuota adicional otorgada a Argentina está destinada precisamente a carne magra (lean beef trimmings), utilizada para mezclar con carne de mayor contenido graso en la producción de hamburguesas.
De esta manera, el extraordinario crecimiento de las exportaciones argentinas hacia Estados Unidos parece explicarse mucho más por la combinación entre una mayor demanda estructural y una mejora en las condiciones de acceso al mercado.
Un cambio de rumbo para la ganadería argentina
El nuevo escenario también coincide con un cambio en la política ganadera argentina respecto de la última década. Durante buena parte de los gobiernos kirchneristas se aplicaron restricciones a las exportaciones de carne mediante cupos, permisos (ROE), cierres temporarios y controles de precios con el objetivo de priorizar el abastecimiento del mercado interno.
El sector sostuvo durante años que esas medidas redujeron la rentabilidad, desalentaron la inversión y aceleraron la liquidación de vientres. Como consecuencia -junto con la fuerte sequía de 2008-2009- el stock bovino nacional cayó desde niveles cercanos a 58 millones de cabezas hasta ubicarse actualmente en torno a 51 millones, sin haber recuperado aún aquellos valores históricos.
Desde la llegada del gobierno de Javier Milei fueron eliminadas las restricciones a las exportaciones y el mercado volvió a orientarse hacia una mayor inserción internacional. Sin embargo, esa estrategia todavía no puede evaluarse desde el punto de vista productivo.
La ganadería trabaja con ciclos biológicos largos. Entre la decisión de un productor de retener una vaquillona para reproducción y el momento en que ese animal produce un ternero que finalmente llega al mercado pueden transcurrir entre tres y cuatro años.
Por esa razón, aunque hoy existan mejores condiciones para exportar y mayores incentivos económicos para producir, los efectos sobre el stock ganadero recién podrán medirse con claridad hacia 2029 o 2030, cuando sea posible determinar si el nuevo marco de reglas logró incentivar efectivamente la recomposición del rodeo nacional o si la mayor apertura comercial no alcanzó para revertir años de estancamiento. En ese sentido, diversos analistas del sector ya observan una tendencia creciente a la retención de vientres y a la producción de animales más pesados, orientados a abastecer la demanda internacional, aunque advierten que será necesario esperar varios ciclos productivos para confirmar si ese cambio se traduce en un aumento sostenido del stock bovino.
Fuente: www.NetNews.com.ar
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