La Hidrovía, sin nombrarla, en la agenda temprana de Estados Unidos en la Argentina
Por Paola BatistaTitular Puls Media
Las primeras apariciones públicas del nuevo embajador de los Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas, permiten algo más que una lectura protocolar. Cuando se leen los posteos en la red social X en su conjunto, y no como hechos aislados, dibujan una hoja de ruta precisa, donde la seguridad, el comercio y el control de flujos aparecen como ejes centrales del vínculo bilateral. En ese esquema, la Hidrovía no siempre es mencionada, pero atraviesa toda la escena.
Uno de los gestos más elocuentes fue la reciente visita a la terminal portuaria Exolgan, acompañada de un mensaje explícito sobre cooperación en seguridad logística: incorporación de la Prefectura Naval al “Container Control Program”, acuerdos de intercambio de información sobre cargas y pasajeros, adopción de tecnología de escáneres y mejoras en la gestión de riesgo. No se trató de una foto institucional más, sino de una señal concreta sobre dónde Estados Unidos pone el foco cuando habla de “un país seguro”.
Exolgan no es un puerto cualquiera. Es una de las principales terminales habilitadas para el comercio directo con Estados Unidos y un nodo clave para exportaciones que requieren altos estándares de trazabilidad y control. En términos prácticos, es una de las puertas de salida más sensibles del comercio exterior argentino hacia el mercado estadounidense. Y esa puerta está insertada, inevitablemente, en el sistema portuario que depende de la Hidrovía.
La visita a la Terminal Exolgan no es un hecho aislado dentro de la agenda del embajador. Si se ordenan cronológicamente sus posteos desde su llegada al país, emerge un patrón claro:
– seguimiento del traspaso de aviones P-3 Orion y la llegada de los F-16, fortaleciendo la vigilancia marítima y aérea.
– acuerdos en materia de seguridad y cooperación contra el narcotráfico y el lavado de dinero.
– énfasis en la adopción de estándares regulatorios compatibles con los de Estados Unidos, como el reconocimiento de certificaciones de la FDA en el sector salud.
– promoción de inversiones en sectores estratégicos como agro, energía y minería.
Todos esos vectores convergen en un punto común: los puertos y las vías por donde circula el comercio. En la Argentina, ese punto neurálgico es la Hidrovía Paraná–Paraguay, por donde se moviliza la mayor parte de las exportaciones y una porción crítica de las importaciones.
El antecedente que vuelve a escena
En ese contexto, cobra relevancia un antecedente que pasó casi sin debate público: el Memorandum de Entendimiento firmado en noviembre de 2023 entre la Administración General de Puertos (AGP) y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (US Army Corps of Engineers). No se trata de un organismo académico ni consultivo, sino de una institución central en el diseño, planificación y control de la infraestructura estratégica estadounidense.
Ese entendimiento instaló una lógica que es pensar la Hidrovía no solo como una vía de navegación, sino como un activo estratégico que debe alinearse con determinados estándares técnicos, operativos y de control. La reciente visita del embajador a una terminal clave del sistema refuerza esa lectura.
La Hidrovía como tema implícito
Llama la atención que, en ninguno de los mensajes, la palabra “Hidrovía” aparezca de manera explícita. Sin embargo, cada referencia a escáneres, control de cargas, gestión de riesgo, interoperabilidad de información y seguridad portuaria remite directamente a ella. La Hidrovía es la infraestructura que hace posible, o no, ese esquema.
En momentos en que el país discute nuevamente su licitación y el modelo de gestión que regirá por décadas, la presencia temprana de Estados Unidos en los nodos críticos del comercio exterior argentino no debería leerse como una casualidad. Tampoco como una injerencia directa, sino como la expresión lógica de intereses estratégicos en un corredor clave para la región.
Más que gestos diplomáticos
La frase utilizada por el embajador en uno de sus posteos —“Ayudando a hacer a la Argentina grande otra vez” refleja la mirada que tuvieron sobre el país en las décadas pasadas y la voluntad de querer revertir ese proceso a partir de apoyo, cooperación y cercanía, pero también expectativas claras en materia de reglas, controles y previsibilidad. En el comercio internacional, esas expectativas se traducen en infraestructura, normas y costos logísticos.
Los pliegos de la licitación definirán tarifas, calados, seguridad en la navegación y problemas ambientales. No se trata solamente de transporte de granos. Define cómo se insertará la Argentina en el comercio global, bajo qué estándares y con qué grado de autonomía. Por eso, cuando un embajador comienza su agenda mirando puertos, escáneres y control de cargas, conviene prestar atención. Aunque el río no se nombre, está en el centro del tablero.
¿Qué pensará el embajador sobre la futura licitación?
Fuente: www.NetNews.com.ar
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