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POLITICA 07.11.2023

Impuesto a las Ganancias: entre las inequidades y el oportunismo

Jeremías Morlandi Por Jeremías Morlandi
Licenciado en Economía (UBA) y Director de Políticas Públicas del Centro de Estudios Económicos ARGENTINA XXI (CEEAXXI)

“Estoy a favor de bajar impuestos bajo cualquier circunstancia y por cualquier excusa, por cualquier razón, en cualquier momento en que sea posible”. Esto lo decía el gran economista Milton Friedman y estoy convencido de que debería ser faro de los diputados, senadores y políticos en general en un país con tamaño peso del Estado cayendo sobre los trabajadores y el sector privado como es Argentina. 

 Sin embargo, en nuestro país mientras parece que para gastar no hay que estudiar las condiciones económicas, para bajar impuestos se piden hasta condiciones climáticas ideales. Parecería también que la defensa de los pagadores de impuestos no es más que una herramienta, que puede usarse o no según soplen los vientos políticos.

 

En 4 años de gobierno, nunca se vio iniciativa similar. No se debe confundir medidas como el “dólar soja” como una baja real de impuestos. Si bien desde estas líneas siempre estamos a favor de generar condiciones más propicias para el sector con mayor potencialidad del país, una baja de impuestos hubiera sido una real eliminación de retenciones a las exportaciones. Lo que se hizo fue una mejora del tipo de cambio, a expensas del balance del BCRA y de toda la población que lo pagaría con impuesto inflacionario vía emisión, por la sola razón de que el ministro-candidato necesitaba dólares para enfrentar diversos escenarios. Sólo la llegada de un candidato a presidente liberal, como Javier Milei, pudo motorizar que la bancada del oficialismo kirchnerista de la Cámara de Diputados se apurara, como una escribanía a las órdenes de Sergio Massa, a impulsar una baja y devolución de impuestos, como es el caso del impuesto a las ganancias. Pero es necesario viajar un poco en el tiempo.

 

La economía argentina experimentó un resurgimiento después de varias caídas aproximadamente en el año 1918, aunque carecía de la vigorosidad que la había caracterizado décadas pasadas. Sin embargo, en 1929, la nación sufrió un devastador golpe con la llegada de la Gran Depresión. A partir de ese momento, Argentina se vio afectada por una serie de conflictos económicos y políticos. Frente a esta difícil coyuntura económica, en 1932 se instituyó el Impuesto a los Réditos como una medida de "gravamen de emergencia nacional", concebida inicialmente para un periodo que se extendería hasta 1934. Cabe destacar que este impuesto subsiste en la actualidad, pero es conocido bajo la denominación de Impuesto a las Ganancias, que no es para nada progresivo.

 

“para los empleados autónomos la bondad electoral del ministro-candidato no parece llegar. Estos trabajadores independientes comenzarán a pagar ganancias a partir de los 160 mil pesos de ingreso y, sumado a esto, pagarán la escala más alta los que ganen más de 852 mil”

 

 

En el año 2003, los ingresos recaudados por concepto del impuesto a las ganancias ascendieron a la cifra de 14.700 millones de pesos. En contraste, para el año 2022, esta recaudación alcanzó la suma de 4,3 billones de pesos, lo que representa un asombroso incremento del 29.000%. Este periodo estuvo caracterizado por una inflación que rondó el 14.000%. La recaudación de este tributo experimentó un crecimiento notablemente superior al ritmo inflacionario. Es fundamental destacar que este aumento en la recaudación no se debió a una proliferación súbita de grandes empresas ni de altos ejecutivos en Argentina. En realidad, lo que aconteció fue que tanto durante el gobierno de Néstor Kirchner, el de Cristina Kirchner, como el de Mauricio Macri, se limitaron los ajustes en el umbral de ingresos no sujetos a este impuesto, mientras que las consecuentes negociaciones salariales, motivadas por la inflación en alza, ocasionaron que más individuos superaran dicho umbral. Esto nos lleva a concluir que, en dos ocasiones, el Estado argentino dejó en una posición desventajosa a sus ciudadanos. Estafó dos veces a sus ciudadanos. La primera vez fue mediante el deterioro del poder adquisitivo del dinero a causa de la inflación, que llevó a la devaluación de la moneda nacional. La segunda vez, esta segunda "estafa", se materializó al no actualizar los umbrales imponibles y las escalas fiscales de acuerdo con la tasa inflacionaria.

 

Este escenario ha dado lugar a que individuos que, en otras circunstancias, no estarían sujetos al impuesto a las ganancias, ahora se vean obligados a pagarlo. Es importante señalar que estas personas, probablemente, enfrenten dificultades económicas para llegar a fin de mes, especialmente si deben afrontar gastos como el alquiler, los servicios del hogar y la alimentación, sin mencionar si tienen a su cargo el sustento de una familia. En este contexto, surge una pregunta pertinente: ¿Podemos realmente considerar que esto se ajusta al concepto de progresividad fiscal?

 

Sin mencionar las inequidades que se presentan entre los contribuyentes en relación de dependencia y los contribuyentes denominados “autónomos” y que este gobierno no se ha interesado en modificar dado que entiende que esas personas están muy lejos de su base electoral. Si bien para los empleados en relación de dependencia el mínimo no imponible se estableció en 15 salarios mínimos, lo que da un total cercano a 1,9 millones de pesos mensuales, para los empleados autónomos la bondad electoral del ministro-candidato no parece llegar. Estos trabajadores independientes comenzarán a pagar ganancias a partir de los 160 mil pesos de ingreso y, sumado a esto, pagarán la escala más alta los que ganen más de 852 mil.

 

“Jamás una baja de impuestos es inflacionaria”

 

 

Esta situación no anula el hecho de que la mejora para los empleados en relación de dependencia fue una buena medida. Sin embargo, no se puede obviar que esta inequidad entre contribuyentes es intolerable y que sus efectos no son neutrales. Un trabajador en relación de dependencia con mayor ingreso disponible volcará ese incremento, en una medida relacionada con su propensión marginal, al consumo; otra parte, dada la realidad de las clases medias argentinas, a pagar deudas; y la otra parte, la ahorrará. No obstante, un trabajador autónomo volcará ese dinero al consumo, sí, pero también incrementará su capital de trabajo, por ejemplo, comprando maquinaria; o también podría afrontar la contratación de un empleado más, lo que a su vez genera más consumo y un círculo más virtuoso en la economía. Es importante ver lo que nos estamos perdiendo por la carga impositiva argentina, no solo analizar un escenario estático.

 

Comprender esto es crucial, dado que nos permitirá ver que no habrá un empeoramiento de la recaudación al afrontar estas mejoras. Si bien es completamente cierto que estamos a las puertas, en el mejor de los casos, de una hiperinflación, no será por este proyecto de ley. Jamás una baja de impuestos es inflacionaria. Las razones tienen que ver con el descalabro monetario y fiscal que han llevado a cabo los últimos gobiernos. El decreto, por ejemplo, es una parte del 'Plan Platita' de Sergio Massa, que es un intento desesperado por comprar la voluntad popular subestimando de forma supina a la gente. Los alcances de este plan sí nos ponen en riesgo de una hiperinflación y, por si fuera poco, de un default si se está utilizando el dinero enviado por el Fondo Monetario Internacional. Esto nada tiene que ver con el proyecto de ley de Ganancias tratado por el Congreso.

 

Cabe remarcar, para concluir, que la inflación no se combate frenando bajas de impuestos. Se combate creando un marco monetario tal que al Tesoro le sea imposible financiarse con emisión monetaria. Debe haber un cambio de paradigma en las cuentas públicas. Debemos pasar de preguntarnos cómo se financia el Estado para empezar a preguntarnos cómo van a pagar los privados. Este último punto es el verdaderamente importante. Reducir la carga tributaria es devolverle al trabajador y al sector privado en general el fruto de su trabajo. Exigir que esto se convierta en regla y no en excepción por desesperación electoral, así como que se corrijan las inequidades vigentes, es vital si se quiere transitar un camino hacia una Argentina libre y próspera.

 

 

               

 

 

 

 

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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