La economía argentina: avances, deudas pendientes y una oportunidad por delante
Por Iván CACHANOSKY Economista Jefe de la Fundación Libertad y Progreso
La economía argentina llega a mitad de 2026 con un diagnóstico que ya no admite el blanco o negro de hace dos años. Hay pilares que se sostuvieron con disciplina, otros que avanzaron con paso vacilante, y un debate de fondo, la heterogeneidad del crecimiento, que conviene entender bien. A esto se suma una novedad reciente que puede ser clave para la estrategia de mediano plazo: la media sanción del Súper RIGI en Diputados.
El ancla que no se mueve
Si hay un pilar que se sostuvo sin fisuras, es el equilibrio fiscal. El Sector Público Nacional acumuló en el primer trimestre de 2026 un superávit primario y financiero del 0,2%, sobrecumpliendo la meta con el FMI. De sostenerse, 2026 cerraría con tres años consecutivos de superávit financiero, algo inédito en la historia fiscal reciente.
Este resultado se logró por el lado del gasto, no de una recaudación en expansión. Es un dato que conviene no ocultar, porque desnuda la verdadera naturaleza del ajuste que implicó en recortar el Estado y no exprimir más al contribuyente. Por otro lado, hay una tensión real: buena parte del esfuerzo recayó sobre las provincias, que vieron caer las transferencias nacionales y hoy exhiben en conjunto un resultado fiscal deficitario. La sostenibilidad del ancla fiscal no puede descansar indefinidamente en trasladar el desequilibrio a otro nivel de gobierno. Aun así, el mensaje de fondo es claro: el equilibrio fiscal sigue siendo, con razón, el corazón del programa, y se viene cumpliendo.
Una política monetaria sin brújula clara
Si el frente fiscal fue el más consistente, el monetario fue el más errático. Desde la idea de una Base Monetaria Amplia (BMA) a una Tasa de Política Monetaria, que luego se discontinuó, sentaron las bases para mostrar una enorme discrecionalidad en materia monetaria. Lo que sí se observó con mayor claridad es que desde agosto del año pasado, la base monetaria se congeló y dejó de crecer, y ese efecto comenzó a verse en el retorno a la desinflación de abril en adelante de este año.
Luego de alcanzar un pico de 3,4% mensual en marzo que venía arrastrando el rebrote post-elecciones, finalmente el nivel de precios volvió a desacelerarse a 2,6% en abril y 2,1% en mayo, el menor registro en los últimos ocho meses.
La noticia es desde luego buena. No obstante, la recuperación en la demanda de pesos pareciera ser parcial aún. El apretón monetario está haciendo su trabajo, pero la confianza retornó a medias. Una ventaja es que los agregados monetarios en términos del PBI, siguen en niveles bajos en perspectiva histórica. Por lo tanto, hay margen para que la confianza crezca. En definitiva, es una tarea pendiente que no representa un fracaso, pero sí se encuentra inconclusa por el moemento.
El debate sobre la heterogeneidad
El otro gran tema de discusión es la disparidad sectorial. Mientras energía, minería y agro muestran tasas de crecimiento de dos dígitos, buena parte de la industria manufacturera y el consumo interno todavía no traccionan igual. Para muchos, eso prueba que la recuperación es “desigual”. Sin embargo, se debe entender que Argentian está atravesando un proceso hacia un cambio en su matriz productiva. Es decir, Argentina quiere ganar productividad.
Este punto plantea un cambio estructural, que llevará su tiempo. Argentina viene de más de seis décadas de un modelo construido sobre el proteccionismo y la sustitución de importaciones. Cambiar esa matriz no es un proceso instantáneo ni indoloro. Todoa transición genera heterogeneidad: crecen los sectores alineados con la nueva estructura de incentivos, y sufren los que crecieron al amparo de un esquema que ya no existe. Esto no es una falla, sino un costo de transitar un cambio estructura para que Argentina sea más productiva.
En el corto plato, para la transición, la buena noticia es que si la inflación sigue bajando, habrá más espacio para reducir las tasas de interés, lo que representa oxígeno directo para el crédito y la inversión de las PyMES. En este sentido, es aire para las empresas y el gobierno debe continuar con las reformas estructurales (principalmente la baja de impuestos) para que el medio ambiente laboral sea más competitivo.
El Súper RIGI: una oportunidad
En términos de reducción de impuestos, el Super RIGI puede jugar un papel crucial. Argentina sigue arrastrando una carga tributaria excesiva y mal distribuida entre Nación, provincias y municipios, con impuestos distorsivos como Ingresos Brutos, que se aplica en cascada en cada etapa de la cadena productiva y que castigan a los sectores más integrados. La reforma tributaria de fondo sigue siendo la principal tarea pendiente. En lo laboral, el RIFL avanzó reduciendo contribuciones para incorporar trabajadores no registrados, pero falta extender esa lógica al resto de la economía formal.
En este contexto, la media sanción que obtuvo el Súper RIGI merece un párrafo aparte. El régimen ofrece una alícuota reducida del 15% en Ganancias (contra el 25% del RIGI original y el 35% general) a proyectos de al menos USD 1.000 millones en actividades que hoy no existen en el país o están en fase experimental: baterías de litio, vehículos eléctricos, paneles solares, semiconductores, inteligencia artificial, hidrógeno verde, entre otras.
La crítica habitual es que el régimen “le regala” recaudación al capital extranjero. Pero esa lectura omite el punto central: estos proyectos no compiten con industrias que ya existen en el país. Si una multinacional instala una planta de baterías de litio que hoy no existe en la Argentina, no le quita mercado a ninguna empresa local. Por el contrario, crea una actividad que de otro modo no se desarrollaría aquí. Es decir: 15% de algo que antes era cero es, en términos de recaudación efectiva, una ganancia neta para el Estado, no una pérdida.
Ahí está la oportunidad de fondo. Si el régimen atrae las inversiones que promete, generará recaudación adicional de actividades genuinamente nuevas. Ese margen fiscal extra es, potencialmente, lo que permitiría avanzar con la baja de impuestos distorsivos sobre los sectores que ya operan en el país, sin poner en riesgo el equilibrio fiscal alcanzado. En otras palabras, más inversión genuina, más recaudación sin más presión sobre quienes ya producen, y margen para bajar la carga sobre el resto de la economía.
Una mirada con esperanza
Argentina está en un momento bisagra. El equilibrio fiscal se sostiene, la inflación retomó su sendero descendente, y la heterogeneidad sectorial, bien entendida, no es alarma sino el costo visible de una transformación productiva largamente postergada. Quedan tareas pendientes como consolidar la demanda de pesos, ordenar lo monetario, avanzar con la reforma tributaria, pero el rumbo de fondo es correcto. El Súper RIGI, si se plasma en inversiones concretas, puede ser la pieza que destrabe el círculo virtuoso hacia más inversión, más recaudación genuina, más margen para aliviar la carga del resto de la economía. Con disciplina fiscal, una política monetaria ordenada y las reformas pendientes, la heterogeneidad de hoy puede convertirse, en pocos años, en el crecimiento sostenido que el país necesita.
Fuente: www.NetNews.com.ar
COMENTARIO
0 comentarios
IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.
