Martes, 02 de Junio de 2026 | 05:23

El futuro está afuera: la internacionalización es clave para el empresario argentino

Gustavo Pérego Por Gustavo Pérego
Director de ABECEB

En tiempos de redefinición económica y apertura al mundo, como los que propone el actual gobierno argentino liderado por Javier Milei, se presenta una ventana de oportunidad histórica para que las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) den el salto hacia la internacionalización. Este momento no solo es una coyuntura favorable desde lo político-económico, sino que responde a una lógica estructural: el crecimiento sostenido y competitivo del sector productivo argentino depende de su integración efectiva en cadenas globales de valor.


 

La teoría del comercio internacional nos enseña, desde David Ricardo hasta Paul Krugman, que las ventajas comparativas y la especialización permiten maximizar el bienestar económico. Pero en el siglo XXI, la discusión ha evolucionado hacia la "ventaja competitiva" (Porter, 1985), donde no basta con producir más barato, sino con integrarse mejor, innovar más y colaborar estratégicamente. Aquí es donde la internacionalización aparece como la gran autopista de crecimiento.


Argentina, tras años de inestabilidad macroeconómica, comienza a mostrar señales de recuperación de expectativas, consolidación fiscal, disciplina monetaria y reducción de distorsiones comerciales. En este contexto, las reformas de apertura comercial, flexibilización del mercado de cambios y desregulación productiva generan condiciones para mirar al mundo como plataforma de expansión.


El empresario argentino, tradicionalmente resiliente y creativo, tiene ahora la oportunidad de proyectarse regional y globalmente. Pero internacionalizarse no es simplemente exportar. Implica construir alianzas, buscar socios estratégicos, participar en joint ventures, establecer filiales, licenciar tecnología o servicios y, en muchos casos, deslocalizar parte de su operación. Esta estrategia permite apalancar economías de escala, mitigar riesgos regulatorios, acceder a financiamiento más competitivo y, sobre todo, aprender de los estándares globales.

 

"Latinoamérica, Estados Unidos, Europa del Este o el Sudeste Asiático ofrecen mercados con demanda de nicho, complementariedad productiva y espacios para alianzas tecnológicas"

 

 


El concepto de "empresa red" (Miles y Snow, 1992) y la teoría de la firma como "nodo de relaciones" (Dyer y Singh, 1998) aportan marcos valiosos para comprender que competir ya no es hacerlo solo, sino desde ecosistemas colaborativos. En este sentido, internacionalizarse es integrarse, y esa integración fortalece la resiliencia y el potencial de largo plazo del negocio.


Latinoamérica, Estados Unidos, Europa del Este o el Sudeste Asiático ofrecen mercados con demanda de nicho, complementariedad productiva y espacios para alianzas tecnológicas. La clave está en pensar regionalmente para ejecutar globalmente. Y para ello, se necesita una PyME con visión estratégica, talento internacional, estructura adaptable y, sobre todo, una mentalidad de inversión de largo plazo.


La internacionalización no es una garantía de éxito, pero su ausencia es casi una certeza de estancamiento. En un mundo interconectado, fragmentado pero dinámico, las oportunidades no esperan. El empresario argentino debe salir a buscarlas, aprovechando esta nueva etapa de inserción global, para construir una estrategia de crecimiento que no dependa del vaivén interno, sino que se apoye en la robustez y sinergia de múltiples mercados.


En su obra The World Is Flat, Thomas L. Friedman expone cómo la globalización, la revolución tecnológica y la conectividad han nivelado el terreno de juego económico mundial. En esta "nueva geografía económica", cualquier empresa, sin importar su tamaño o país de origen, compite en un entorno donde la innovación, la eficiencia y la colaboración global son la norma. Para los empresarios argentinos, esto representa tanto un desafío como una oportunidad: la necesidad imperiosa de adaptarse para no quedar relegados.

 

"La internacionalización no es una garantía de éxito, pero su ausencia es casi una certeza de estancamiento"

 


Friedman sostiene que, en un mundo plano, ya no basta con dominar el mercado local. La verdadera defensa frente a la competencia internacional es la capacidad de integrarse inteligentemente en redes globales de producción y conocimiento. Por eso, el empresario que internacionaliza no solo busca crecimiento externo, sino que también fortalece su competitividad interna. Aprender, adaptarse y escalar en mercados exigentes es, en última instancia, lo que permite sostener posiciones de liderazgo en el propio país.


Como señaló Joseph Schumpeter, "la innovación es la fuerza motriz del desarrollo económico". Internacionalizarse, hoy, es una de las formas más poderosas de innovar: en mercados, en productos, en procesos y en modelos de negocio. El momento es ahora. El mundo no espera.

 

 

 

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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