Martes, 20 de Enero de 2026 | 10:12
Opinión

El Ocaso de la Facilitación del Comercio Exterior

Por Claus Noceti. Director - Comercio Internacional y Aduanas, PwC Argentina.

Esta vez, el título de la nota no guarda ningún misterio. Esta vez, el título servirá también como conclusión. Es que no hay ninguna duda, estamos viviendo el ocaso de la facilitación del comercio exterior.

 

No puedo evitar recordar a que nos referimos con facilitación del comercio exterior, y cuál era el compromiso que el país asumió, una y otra vez, con esta premisa. Es que no sería de extrañar, que con todo lo que estamos experimentando, alguno ya lo haya olvidado.

 

Hay dos definiciones de “facilitación del comercio” que resalto por precisión y sencillez. La primera de ellas es propiedad de la OCDE, quien la define como “las políticas y medidas destinadas a reducir los costos del comercio mediante la mejora de la eficiencia en cada fase de la cadena de comercio internacional”. A su vez, en una conferencia conjunta de la CEPAL y la OMC, definió a la facilitación del comercio como la “simplificación y armonización de los procedimientos que rigen el comercio internacional. Se entiende por procedimientos a los actos, prácticas y formalidades necesarias para recopilar, presentar, comunicar y procesar los datos que exige la circulación de mercancías a nivel mundial”. 

 

Lo interesante de las definiciones es que la primera nos comenta las bondades de la facilitación (reducción de costos, mejora de eficiencia de la cadena logística); y la segunda nos referencia sobre los métodos para llegar a gozar de esas bondades (simplificación y armonización de los procedimientos que rigen el comercio internacional).

 

Es en este preciso instante cuando, aquel lector que no tenía tan en claro estos conceptos, de seguro empezará a coincidir con el título del presente.

 

Algo importante para señalar es que estas bondades que hemos mencionado son compartidas por toda la comunidad del comercio internacional, y tal es así, que luego de años de negociación, en el año 2013, en la Conferencia Ministerial de Bali de 2013[1], se redacta el “Acuerdo para la Facilitación Comercial” (AFC) que contiene distintas disposiciones para agilizar el movimiento, liberación y despacho de mercancías, incluidas las mercancías en tránsito. Además, establece medidas para la cooperación efectiva entre las aduanas y otras autoridades competentes en materia de facilitación del comercio y cumplimiento de las normas aduaneras.

 

Luego de algunos años de negociación, el AFC entró en vigor el 22 de febrero de 2017, tras su ratificación por parte de dos tercios de los miembros de la OMC. Argentina (como una suerte de premonición de lo que vendría luego) se tomó un año para ratificarlo[2], con el puesto 128° en orden de llegada. Pero bueno, lo importante era llegar, era comprometerse con la comunidad internacional, era dar una señal que Argentina no estaba apartada del mundo.

 

Se acerca un fin de año, época en la que todos nos vemos tentados a hacer balances, a repensar el pasado y proyectar el futuro. Me pregunto entonces, a casi tres años de comprometernos con la facilitación del comercio internacional ¿hemos honrado este compromiso? Si, lo sé, el título de la nota responde la pregunta. Sabía que le quitaría el misterio al texto.

 

 

Cambio la pregunta entonces. ¿Por qué decimos que la facilitación del comercio exterior está en el ocaso?

 

Debemos admitirlo, no hay ocaso sino hay albor. La incorporación a la legislación local del Operador Económico Autorizado, los avances sobre la ventanilla única, la revisión de regímenes vetustos, y las discusiones sobre medios de pago bimonetarios, todos ellos, fueron parte lo que parecía el amanecer de la facilitación en nuestro país. Sin embargo llego la noche demasiado temprano. La pérdida de vigor de esos avances, pero sobre todo (¡digámoslo lo una vez!) las normas de control de cambios y las licencias no automáticas, entre otros; terminaron por romper aquel compromiso asumido ante la comunidad internacional.

 

Que quede claro, los controles de cambios no son óbice del entorpecimiento del comercio internacional. Tampoco lo son las licencias. Todo depende de cómo se aplique.

 

¿Cómo no coincidir en que las normas de cambios actuales no entorpecen si parecieran diseñadas para el incumplimiento crónico de las obligaciones de los residentes con el exterior? ¿Cómo no estar de acuerdo en que las normas de cambios no atentan contra el comercio exterior cuando no sólo se apegan a los resultados de las injustas licencias no automáticas (a las que ya les llega el turno), y más aún, a través de la Comunicación “A” 7151 crearon una propia? Las licencias no automáticas merecen párrafo aparte.

 

No voy a aburrir con lo que todos sabemos, la doctrina predijo, y la justicia supo entender: las licencias no automáticas que rigen hoy en día son violatorios de la Constitución Nacional, más precisamente en sus artículos 31 (por no respetar los tratados internacionales), 28 (por la falta de relación entre la norma que las crea y los objetivos declarados), 75 inciso 1 y 13 y 76 (por la delegación impropia que les dio origen).

 

Pero no nos quedaremos en el balance, en la evaluación. El fin de un año es también el comienzo de uno nuevo, y nos podemos permitir soñar con un nuevo comienzo, con el inicio de algo mejor.

 

Quizás, el 2021 sea el año en el que el BCRA ayude a cumplir con nuestras deudas al exterior y favorezca el intercambio, por ejemplo, dotando de competitividad a nuestras exportaciones a través de mayores plazos de liquidación de divisas o poniendo en valor los sistemas de pagos en moneda local. Quizás, en el 2021 no se utilizarán las licencias al solo efecto de la evitación de salida de divisas sino para la protección de determinadas ramas de la producción, las que además, serán favorecidas con regímenes promocionales. Quizás, el 2021 sea el año de la eliminación de derechos de exportación (de bienes y servicios), de la baja de aranceles de importación y de la aceleración de los cobros de estímulos a las exportaciones. Quizás, en el 2021 podamos cumplir con el compromiso de la facilitación del comercio exterior, y así servirnos de sus beneficios. Quizás soy demasiado optimista. Quizás deba concluir la nota.

 

[1] En aquella Conferencia se hacen las primeras estimaciones sobre los beneficios del acuerdo, donde se calcular que la plena aplicación del acuerdo reducirá los costos del comercio mundial en un promedio del 14,3%, al tiempo que sumará un 2,7% anual al crecimiento de las exportaciones mundiales y más del 0,5% anual al crecimiento del PBI mundial hacia 2045.

[2] En aquel entonces, el embajador argentino ante la OMC, Héctor Marcelo Cima manifestó que la ratificación del AFC “refleja nuestro compromiso con las reformas para crear un entorno confiable, productivo y sostenible para el crecimiento, el empleo y el desarrollo”, y agregó que “es también un gesto firme de apoyo al multilateralismo y el objetivo compartido de perseguir un comercio justo basado en reglas claras”.

 

Revista Desafío Exportar

Fuente: www.NetNews.com.ar

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