Patentes, evergreening y un cajoneo que duró 28 años en el Congreso
Por Paola BatistaTitular Puls Media
Argentina lleva más de medio siglo vinculada al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), pero nunca terminó de incorporarse al sistema dado que no se ratificó en el Congreso. El país firmó el tratado en 1970 y el Senado aprobó la adhesión en 1998. Desde entonces, el expediente quedó cajoneado en Diputados durante 28 años, hasta que volvió a ponerse en movimiento en 2026.
No es un dato menor. En el Congreso argentino, cajonear un proyecto es una práctica habitual cuando un tema es políticamente sensible o afecta intereses económicos enfrentados. Un proyecto que no obtiene tratamiento puede permanecer años en las comisiones hasta perder impulso, mientras los sectores involucrados buscan evitar que llegue al recinto o modificar sus condiciones. En este caso, el PCT atravesó gobiernos de distinto signo político sin convertirse en ley. La pregunta entonces es, por qué?
Hay una confusión bastante extendida que conviene despejar y es que el PCT no crea una patente única mundial.
No existe una "patente PCT" que una empresa obtenga y que automáticamente le dé derechos exclusivos en todos los países miembros. El primer beneficio que ofrece el tratado es la organización en el procedimiento para presentar una solicitud y búsqueda internacional, pero cada país conserva la decisión final sobre si concede o no la patente de acuerdo con su legislación.
La ventaja de ganar tiempo
El PCT tampoco protege automáticamente una invención en todos los países que forman parte del tratado. Su ventaja radica, entre otras cosas, en que permite que quien desarrolla una invención presente una única solicitud internacional y gane tiempo antes de tener que decidir en qué países quiere continuar con el trámite para obtener una patente.
Ese plazo puede llegar a unos 30 meses desde la fecha de prioridad. Durante ese período, el solicitante puede continuar con la investigación, obtener información sobre el estado de la técnica y evaluar si la invención realmente tiene posibilidades comerciales antes de afrontar los costos de tramitar una patente, país por país.
Esto es especialmente relevante en industrias como la farmacéutica, aunque no es la única, donde entre el descubrimiento de una molécula y la llegada de un medicamento al mercado pueden pasar muchos años y requerirse investigaciones y ensayos costosos.
Pero la ventaja de ganar tiempo es apenas una parte de la discusión. La otra cuestión, mucho más sensible cuando se habla de patentes farmacéuticas, es hasta dónde puede extenderse la protección de una innovación. Y ahí aparece el concepto de evergreening, algo así como el reverdecimiento de las patentes, del que hablaremos más adelante.
Veamos un caso práctico:
1. Se descubre y se presenta la solicitud.
Un laboratorio desarrolla una molécula que podría tener una determinada aplicación terapéutica y presenta una primera solicitud de patente. Con esa presentación fija una fecha de prioridad para la invención.
2. Se recurre al PCT y se gana tiempo.
Dentro del plazo correspondiente, el laboratorio presenta una solicitud PCT. No obtiene una patente mundial, pero puede utilizar el sistema internacional para mantener abierta la posibilidad de buscar protección en numerosos países y postergar la entrada en las respectivas fases nacionales. Durante ese tiempo puede seguir investigando la molécula, realizar ensayos y evaluar si realmente tiene una aplicación comercial.
3. Llega el momento de decidir país por país.
Antes de que venza el plazo, el laboratorio debe decidir dónde quiere continuar con el trámite. Si considera que el medicamento tiene mercado en Argentina, Estados Unidos, Europa u otros países, deberá entrar en las respectivas fases nacionales o regionales y cada oficina aplicará su propia legislación para decidir si concede la patente.
La clave entonces es que el PCT no agrega 30 meses de duración a la patente. Lo que hace es permitir que el solicitante postergue y ordene la decisión de dónde buscar protección, mientras continúa desarrollando la invención y obtiene información que le permite decidir dónde vale la pena invertir en una patente.
Entonces, ¿por qué Estados Unidos insiste tanto?
Para las empresas que desarrollan tecnología, medicamentos, productos químicos o biotecnología, la propiedad intelectual es un activo económico central. Y Estados Unidos tiene una enorme cantidad de empresas cuya actividad depende de esos derechos.
La presión estadounidense sobre Argentina en materia de propiedad intelectual tampoco nació en 2026. Hay antecedentes de décadas. Documentación parlamentaria argentina de 1998 registra reclamos del Gobierno estadounidense por el régimen argentino de protección de la propiedad intelectual y las advertencias vinculadas al mecanismo conocido como Special 301, mediante el cual Washington evalúa la protección de esos derechos en otros países. Desde 1996 Argentina ha estado en la “Lista de Vigilancia Prioritaria” hasta que salió de ahí recién en este año.
Ese mismo documento recuerda que Estados Unidos había suspendido parcialmente beneficios comerciales (aranceles) para Argentina en 1997 en el marco de esa disputa.
El peso de la industria farmacéutica y el “EVERGREENING”
Argentina tiene desde 1995 la Ley 24.481 de Patentes de Invención y Modelos de Utilidad. Esa ley establece los requisitos para que una invención pueda ser patentada y otorga al titular derechos exclusivos sobre ella. También contempla mecanismos frente a prácticas anticompetitivas.
El problema que plantea la industria farmacéutica nacional no es simplemente si Argentina quiere o no reconocer las patentes. El problema es qué considera una verdadera innovación patentable.
Y ahí aparece una palabra que probablemente sea la clave para entender buena parte de la resistencia histórica: evergreening. El "evergreening" cuya traducción podría ser “siempre verde” o “reverdecimiento” es la pelea detrás de la pelea.
Imaginemos un medicamento nuevo. Una compañía desarrolla una molécula, presenta una solicitud de patente y, si cumple con los requisitos legales, obtiene protección. La patente tiene un plazo determinado.
"El debate no es si Argentina quiere o no reconocer una patente sino dónde se pone el límite entre una nueva invención y una modificación utilizada para prolongar una exclusividad"
Pero antes de que esa protección termine puede aparecer una nueva solicitud relacionada con el mismo medicamento como podría ser una modificación de la formulación, una nueva combinación, una determinada presentación, una modificación de la molécula, una nueva utilización u otra variante.
La pregunta jurídica es sencilla de formular, aunque no siempre sea sencilla de responder: ¿Estamos frente a una nueva invención que merece una nueva patente o frente a una modificación menor destinada, en los hechos, a prolongar la exclusividad comercial del producto original?
Y esta práctica, que podría ser un ardid para la extensión del cobro de regalías, es lo que se conoce como evergreening.
CILFA, la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos, sostiene que existen solicitudes de este tipo que protegen innovaciones menores sobre medicamentos ya conocidos, sin aportar -según su posición- efectos terapéuticos o valor suficiente y que terminan obstaculizando durante años la entrada de medicamentos competidores.
La cámara sostiene además, que una de las consecuencias puede ser el retraso de la llegada de medicamentos genéricos y biosimilares, con impacto sobre la competencia y los costos del sistema sanitario.
Vale aclarar que no toda solicitud presentada es “evergreening”. Si una modificación constituye realmente una invención nueva y cumple con los requisitos de patentabilidad como por ejemplo, novedad y actividad inventiva, sí puede ser patentable.
Pero la discusión está precisamente en el límite. Porque si el estándar para considerar una modificación como una nueva invención es demasiado amplio, una compañía puede intentar construir alrededor de un medicamento una sucesión de derechos de propiedad intelectual. Si el estándar es más estricto, las modificaciones que no representan una verdadera innovación quedan fuera de la protección y los competidores pueden ingresar cuando vence la patente original.
Pero qué tiene que ver esto con el PCT? El PCT por sí mismo no permite extender una patente ni habilita el evergreening. Pero sí introduce un sistema internacional de búsqueda y, en determinadas condiciones, de examen preliminar de las solicitudes. El tratado tiene un Capítulo I dedicado a la solicitud y búsqueda internacional y un Capítulo II referido al examen preliminar internacional y es allí el punto que lo convirtió en una cuestión política en Argentina.
La discusión de 2026 incorporó una particularidad que no estaba en el proyecto original: Diputados aprobó el PCT con modificaciones y el proyecto volvió al Senado. La discusión sobre el alcance del Capítulo II es particularmente sensible para la industria farmacéutica nacional.
CILFA ha sostenido que Argentina debe mantener un examen riguroso de las solicitudes farmacéuticas y rechazar aquellas que considere simples estrategias de evergreening. En su posición pública de marzo de 2026, la cámara incluso valoró que el acuerdo con Estados Unidos no hubiera incorporado una extensión del plazo de las patentes y sostuvo que las solicitudes deben analizarse caso por caso conforme a la Ley 24.481.
Es decir, el temor de la industria nacional no es que mañana aparezca una "patente mundial" que automáticamente le dé a un laboratorio extranjero veinte años de monopolio en Argentina. El temor es que un sistema internacional más favorable a la circulación y evaluación de solicitudes pueda combinarse con criterios de patentabilidad más amplios y termine aumentando la cantidad de patentes concedidas sobre productos farmacéuticos, incluidas aquellas que la industria local considera modificaciones menores.
Argentina fue construyendo un sistema de patentes farmacéuticas con criterios propios y con la posibilidad de ingresar con genéricos y biosimilares cuando vencen las patentes correspondientes. Buena parte de la industria local defendió históricamente reglas destinadas a impedir que modificaciones menores de medicamentos ya conocidos se transformaran en nuevas barreras de entrada. CILFA sostiene que esa competencia permitió desarticular monopolios y reducir costos, y ubica justamente al evergreening entre las principales amenazas para ese esquema.
Después de 28 años, el expediente dejó de estar cajoneado. La Cámara de Diputados finalmente lo aprobó el proyecto el 27 de agosto de 2026 por 147 votos contra 93, aunque introdujo modificaciones y por eso el proyecto regresó al Senado.
Pero la discusión que lo había mantenido allí durante tanto tiempo sigue viva. Porque en definitiva, el debate no es si Argentina quiere o no reconocer una patente sino dónde se pone el límite entre una nueva invención y una modificación utilizada para prolongar una exclusividad.
Ahí es donde el viejo expediente del PCT deja de ser un trámite internacional aparentemente técnico y de inserción internacional y se convierte en una discusión económica mucho más grande. ¿Quién puede cobrar por una innovación, durante cuánto tiempo y qué tiene que demostrar para volver a cobrar por ella cuando la primera patente está por vencer?
Y las semillas? ¿Quién tiene derechos sobre una semilla una vez que fue comprada, sembrada y vuelve a producir nuevas semillas?
Un debate, una adhesión y una pregunta que sigue abierta. Quizás la clave no esté en el tratado, sino en quién pone el límite.
Fuente: www.NetNews.com.ar
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