Martes, 02 de Junio de 2026 | 09:45

La misión más allá de los récords

Fernando Landa Por Fernando Landa
Presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina C.E.R.A

El año 2026 nos encuentra en uno de los entornos geopolíticos más complejos de los últimos 80 años. El mundo está experimentando hoy no sólo el mayor número de conflictos bélicos activos desde 1945, sino también un fuerte desencanto con el multilateralismo y sus reglas por parte de sus propios gestores, y además una gran batalla por el liderazgo en la revolución que supone la inteligencia artificial.

 

Esto deviene en el apetito por una nueva generación de acuerdos de comercio notablemente diferentes a aquellos del pasado, desafiantes en sus formas, su contenido y su dinámica. Las anteriores reglas básicas de acceso a mercado se transforman hoy en una matriz compleja que incluye condicionamientos dentro y fuera de la letra del acuerdo, y diversas cláusulas gatillo que afectan la competencia.

 

En este contexto complejo donde uno de cada cinco dólares que se comercia se encuentran afectados por medidas restrictivas de distinta índole, conviene recordar cuál es la misión de la exportación para un país.  

 

Algunos de los términos empleados en las economías que más participan en el comercio internacional son: impulsar el crecimiento, generar riqueza, crear empleo, aportar a la seguridad nacional y aportar a la sostenibilidad económica.

 

Tratemos de evaluar entonces cuáles serían las métricas que nos permitirían entender el cumplimiento de estos objetivos que definen con claridad la misión de la actividad exportadora y el avance respecto de una visión consistentemente definida.

 

En nuestro país tradicionalmente se observa el monto anual exportado como el indicador fundamental, aquel que suele denominarse también como “generación de divisas”.

 

 

"la política pública debe incorporar una definición más integral de la misión del sector exportador y una visión más amplia de en cuanto a la complejidad económica objetivo"

   

 

¿Es este simple y único indicad or de desempeño suficiente para entender la consistencia con estos objetivos tan vitales para un país como los que hemos enumerado? ¿O puede en su simpleza resultar distractivo respecto de la performance hacia una misión mucho más rica en contenido? ¿Podría en todo caso una visión para nuestra exportación resumirse solamente en el monto de facturación a futuro?

 

Veamos. Argentina festeja en forma genuina haber alcanzado en 2025 el 2° mayor valor exportado desde que comenzaron los registros y montos récord en lo que va de 2026, lo que supone que terminaremos este año con un máximo histórico.

 

Los principales impulsores han sido, en primer lugar, el complejo cerealero-oleaginoso (soja y trigo en 2025; maíz, trigo y girasol en 2026). Aquí se alinearon diversos factores: la baja de derechos de exportación, el clima favorable y las disrupciones internacionales que favorecieron el posicionamiento nacional. Otros impulsores fundamentales son el petróleo, resultado de las inversiones en Vaca Muerta, y también la minería, producto más que nada de los aumentos de precios (el precio promedio del oro subió un 44,1% interanual -i.a.- en 2025 y un 46,7% i.a. en abril 2026; la plata 40,8% y 135,4%; y el carbonato de litio creció un 106,2% i.a. en los primeros cuatro meses de 2026).  

 

Sin embargo, el resto de los productos, principalmente manufacturas agrícolas e industriales, no tuvieron variaciones significativas.

 

Otra dimensión de análisis nos presenta, no obstante, el estancamiento desde hace una década del número de empresas exportadoras, que se mantienen en el entorno de 9.300 y que en términos relativos supone que tenemos menos exportadores por millón de habitantes que Uruguay, Chile o Perú y una participación Pyme del orden del 7,6% del total exportado, menos que el mismo indicador en países menos adelantados.

 

Mirar estos otros indicadores no supone subvalorar los sustanciales logros de los sectores productivos mencionados antes, sino comprender que la política pública debe incorporar una definición más integral de la misión del sector exportador y una visión más amplia de en cuanto a la complejidad económica objetivo. Para ello, es necesario eliminar aquellos factores que resulten contradictorios, como cobrar de una amplia gama de impuestos indirectos sobre las exportaciones (las cuales no debieran formar parte de la base impositiva) y luego atrasar fuertemente su devolución (reintegros e IVA) para mejorar de manera puntual el balance fiscal. Otros ejemplos son los cobros de derechos de exportación en sectores de valor agregado y carecer de una ventana de normalidad (como representa el RIGI) para proyectos exportadores de valor agregado.

 

Se ha avanzado mucho y en la dirección correcta en simplificación y relacionamiento, como así también en un sendero de baja de derechos de exportación, pero Argentina tiene una oportunidad mucho mayor para atraer inversiones y crecer generando empleos de calidad. Para aprovecharla, deberá ampliarse la definición estratégica con la cual el Estado entiende el rol del sector exportador y eliminar las políticas inconsistentes con esta definición. Los países que han tenido éxito así lo demuestran.

 

 

 

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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