Lunes, 20 de Mayo de 2024 | 18:04
Política Energética

LOS DESAFIOS DEL PROXIMO GOBIERNO EN EL SECTOR ENERGETICO

Ing. Gerardo Rabinovich Por Ing. Gerardo Rabinovich
Vicepresidente 2º Instituto Argentino de la Energia “General Mosconi”

En el presente siglo el comportamiento de nuestro país en materia energética ha sido errático, y en muchos aspectos decadente. Veamos algunos datos para confirmar esta aseveración:

  1. La producción total de petróleo del país en 2000 fue en promedio de 744 mil barriles/día; proveniente de yacimientos convencionales;
  2. El año pasado (2022) la producción total de petróleo llegó a los 591 mil barriles/día. Un retroceso del 21%!!

Vemos además un cambio estructural: los yacimientos convencionales solo cubrieron el 58% del total producido, mientras que los yacimientos no convencionales compensaron parcialmente esta declinación aportando el 42% de la producción total, que se concentra en el yacimiento de Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén.

 

El crecimiento de la producción no convencional se ha manifestado con toda su potencia en la última década y abre grandes expectativas sobre el futuro de la industria petrolera, buscando superar el récord de producción de 845 mil barriles/día en 1998. Para ello, las inversiones requeridas son del orden de los 8 mil millones de u$s/año en Vaca Muerta durante los próximos diez a quince años, en un escenario donde los precios internacionales deberían ser de 70 u4s/barril o superiores.

 

La incertidumbre de la economía y la política genera interrogantes respecto a nuestras posibilidades y cuáles serían las políticas públicas a implementar para lograr estos objetivos.

 

Respecto del gas natural, sigue siendo la principal fuente de abastecimiento de energía primaria de nuestro país con más del 50% de participación en el abastecimiento energético nacional. Para poder abastecer la demanda en el pico invernal es necesario importar grandes cantidades generando un desequilibrio importante en la balanza comercial del país, obligando a destinar divisas escasas al pago de estas importaciones, demorando otras necesidades y presionando sobre la inflación, el tipo de cambio y el déficit fiscal.

 

  1. En 2004 se alcanzó la máxima producción histórica de gas natural en la Argentina con un; promedio de 143 millones de m3/día, proveniente por completo de yacimientos convencionales, con fuerte preponderancia de Loma La Lata en Cuenca Neuquina, producción que luego fue declinando a una alta velocidad;
  2. En 2014 se registró el mínimo histórico de producción en este siglo con 113 millones de m3/día;
  3. En los últimos años se ha ido recuperando con la puesta en producción de los yacimientos de shale gas en Vaca Muerta, en particular el área de Fortín de Piedra, alcanzando el año pasado los 133 millones de m3/día, inferior todavía al máximo mencionado en el punto anterior.

 

Las restricciones para el incremento de la producción de gas natural están relacionadas con el desbalance de la infraestructura de transporte a los centros de consumo y eventualmente de exportación. Mientras que los gasoductos de la cuenca Neuquina se saturan en el pico de la demanda invernal, el gasoducto Norte va disminuyendo paulatinamente su factor de utilización ante la caída de la producción de la Cuenca NOA y de Bolivia, mientras que el gasoducto Austral funciona con un alto porcentaje de capacidad ociosa. La construcción del gasoducto Néstor Kirchner permitirá movilizar durante este año 11 millones de m3/día adicionales y sustituir parcialmente importaciones.

 

"Nuestro país no posee todavía ningún Plan Energético de Largo Plazo"

 

La caída productiva del petróleo y del gas natural es uno de los elementos esenciales de la crisis económica del sector energético. En los últimos diez años el saldo de la balanza comercial energética fue negativo. La suma del déficit comercial en esta década fue de 32,5 mil millones de u$s. El acumulado de las importaciones de gas natural (Bolivia y GNL) en ese periodo fue de 106,5 mil millones de u$s.

 

Este deterioro no puede ser separado de políticas erróneas de subsidios generalizados al consumo energético de gas natural y electricidad por congelamiento de tarifas que totalizaron 151 mil millones de u$s: casi tres veces la deuda que tiene el país con el FMI, y que condiciona las políticas económicas destinadas al crecimiento y creación de empleo.

 

El sector eléctrico pudo incorporar entre 2016 y 2019 aproximadamente 4.500 MW de energía eólica y solar alcanzando el 14% del consumo total de electricidad, aún lejos del objetivo fijado en la ley 27.191 de lograr que el 20% de la electricidad consumida en 2025 provenga de estas fuentes. Lamentablemente el crecimiento de las inversiones en estas tecnologías prácticamente se paralizó en 2020.

 

La hidroelectricidad retrocedió del 45% al 25% de la electricidad producida por el parque eléctrico, y la termoelectricidad representa el 56% del total. El parque termoeléctrico ha envejecido y los mecanismos de formación de precios para los generadores no permitió su renovación al punto que a pesar de contar con una capacidad instalada de 43.000 MW no pudo soportar un pico de demanda de 29.100 MW (13 marzo 2023), debiendo importar 2.300 MW de Brasil y Uruguay. El 40% del parque térmico estaba fuera de servicio por “falta de combustible” o por fallas intempestivas de máquinas cuya antigüedad supera largamente su vida útil.

 

En el reciente Plan Nacional de Expansión del Sistema de Transporte Eléctrico 2035, la Secretaria de Energía admite que “el sistema de transmisión eléctrica en alta tensión se encuentra saturado, sin posibilidad de vincular las zonas con potencial renovable con los nodos de demanda”.

 

En apretada síntesis, el sector energético de la Argentina navega sin rumbo, a la deriva, desaprovechando su potencial y en lugar de contribuir al crecimiento económico del país, ha sido un actor determinante en su crisis económica y decadencia.

 

No es casual que en este diagnóstico no encontremos una hoja de ruta señalando un camino deseable, para poder superar esta situación. Mas bien, su comportamiento errático puso al sector al servicio de ambiciones políticas de corto plazo que deterioraron su funcionamiento, comprometiendo la seguridad del abastecimiento energético de la población y amputando a la industria y a los servicios económicos de una ventaja competitiva.

 

Es necesario comprender este comportamiento pasado para diseñar políticas públicas que en el futuro permitan que nuestro país pueda desarrollar sus potencialidades. Es imprescindible que estas políticas se traduzcan en un Plan Energético Nacional con amplio consenso de todos los sectores económicos, sociales y políticos y aprobado por ley del Congreso de la Nación.

 

En un contexto internacional incierto, conflictivo y amenazante resulta vital esa hoja de ruta, que defina alianzas y estrategias y ponga un rumbo creíble para el acceso al financiamiento de inversiones imprescindibles, generación de empleo y cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos en el marco de los Acuerdos de Paris para la lucha contra el calentamiento global, y el cambio climático.

 

El objetivo de la estrategia energética mundial es la neutralidad de las emisiones de gases de efecto invernadero hacia mediados de siglo limitando el incremento de la temperatura media global a 1,5° C. Esto provocará en el mediano y largo plazo una fuerte redefinición a la baja de las demandas de petróleo, gas y carbón y su substitución por energías “limpias”. El auto eléctrico, otras tecnologías en el transporte; la electrificación de la energía en la industria y en los usos residenciales reducirán en forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero.

 

Nuestro país no posee todavía ningún Plan Energético de Largo Plazo. Tampoco los inversores privados cuentan con planes de obras realistas, factibles y bien estudiados. En muchos casos se verifica que el Estado débil encara proyectos inmaduros impulsados por el sector privado que por diversas razones evita o prefiere no asumir riesgos. Estamos frente a un enorme esfuerzo de inversión en las próximas dos décadas y el protagonismo central provendrá de la inversión privada; complementado con una inversión pública eficaz y racional 

 

Finalmente, y en paralelo al diseño de estos plantes, es fundamental fijar una política energética regional, dentro del MERCOSUR, con un criterio unificado de los países que lo conforman en los temas ambientales y energéticos centrales, para acumular fuerza en el dialogo internacional llevando una posición unificada en un mundo que se va fragmentando y realineando.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: www.Netnews.com.ar

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