Martes, 02 de Junio de 2026 | 09:42

Administrar la competitividad: el nuevo desafío del empresario argentino

Lic. Yanina S. Lojo Por Lic. Yanina S. Lojo
Mg. en Dirección de Finanzas y Control

Durante décadas, el empresario argentino desarrolló una habilidad singular: administrar la escasez. Aprendió a operar con cepo cambiario, a gestionar cupos de importación y a navegar una burocracia aduanera que convertía cada operación en una negociación. Ese entorno forjó reflejos valiosos —resiliencia, creatividad y adaptabilidad—, pero también consolidó una lógica de protección que hoy no corre más. El escenario cambió. Y el cambio no es menor ni transitorio.

 

En 2025, las exportaciones argentinas de bienes totalizaron USD 87.077 millones —un crecimiento del 9,3% interanual— y las importaciones alcanzaron USD 75.791 millones, con una suba del 24,7%, según datos del INDEC. El intercambio comercial de bienes superó los USD 162.000 millones, con un superávit de USD 11.286 millones. Si se incorporan los servicios, la Bolsa de Comercio de Rosario computa un intercambio total superior a los USD 210.000 millones, nuevo máximo histórico, impulsado tanto por el crecimiento de bienes como por el avance de los servicios basados en el conocimiento.

La apertura comercial ya no es una promesa ni una amenaza abstracta: es la realidad operativa de miles de empresas que hoy compiten —o deberían estar compitiendo— en un mercado mucho más integrado al mundo. Pero es importante señalar que el camino que por ahora recorremos en la mayoría de los rubros es el de la normalización. Que aún no terminó.

Con esto en mente, la pregunta que debería estar presente en cada directorio, en cada reunión de planificación y en cada mesa de operaciones de comercio exterior es una sola: ¿por qué un cliente elegiría mi producto en lugar de otro? Sin pensar solo en lo importado, sino en cualquier producto. La respuesta a esa pregunta empieza a definir el modelo de negocios de los próximos años.

 

I. EL FIN DEL PARADIGMA PROTECCIONISTA

Existe un falso dilema instalado desde hace años en el debate económico argentino: la idea de que política productiva y apertura comercial son fuerzas opuestas. Bajo esa lógica, proteger significa cerrar y abrir implica resignar industria. Es un esquema conceptual que dominó buena parte de la discusión económica local, pero cuyos resultados quedaron lejos de las promesas iniciales.

El proteccionismo tradicional —aranceles altos, cupos, licencias no automáticas y restricciones cambiarias— tuvo costos concretos. Los pagó el consumidor en precios más altos, los pagó la industria en insumos más caros y los pagó el país en pérdida de competitividad sistémica.

El Decreto 781/2025, por ejemplo, redujo el arancel de importación de juguetes del 35% al 20% para alinearlo con el promedio del MERCOSUR, en un mercado donde Argentina registraba precios considerablemente más altos que los países vecinos. El arancel era parte del problema, aunque no el único. La estructura tributaria interna, los costos logísticos, los márgenes comerciales y otra multiplicidad de factores también impactan sobre el precio final al consumidor. La baja arancelaria crea condiciones para una mayor competencia; no garantiza automáticamente que toda la reducción llegue al precio de góndola.

El mismo criterio aplica al Decreto 333/2025, que estableció la eliminación progresiva de aranceles para teléfonos celulares, alcanzando arancel cero desde enero de 2026. La diferencia de precios entre Argentina y otros mercados de la región era evidente aunque atribuir esa brecha exclusivamente a los aranceles sería simplificar el diagnóstico.

Lo relevante para el operador de comercio exterior es otra cosa: la señal de apertura cambia la estructura de incentivos. Introduce presión competitiva donde antes existía un paraguas de protección y obliga a justificar márgenes con valor real.

“La apertura es justamente donde uno ve lo que tiene que mejorar: cuando salís a competir es cuando aparecen tus puntos débiles y también tus fortalezas.”

Una política productiva inteligente no se construye sobre la restricción permanente a la competencia sino sobre el fortalecimiento de capacidades propias. Eso implica financiamiento para pymes exportadoras, reducción de presión tributaria distorsiva, inversión sostenida en infraestructura y reglas más previsibles para producir y exportar. No se trata de una discusión ideológica. Se trata de competitividad.

 

II. LAS PYMES FRENTE AL NUEVO ESCENARIO

El corazón productivo de la Argentina sigue siendo el entramado pyme. Las pequeñas y medianas empresas generan cerca del 70% del empleo formal y sostienen buena parte de las economías regionales, de la industria manufacturera y de los servicios asociados al comercio exterior. También están empezando a ganar peso dentro de la dinámica exportadora.

Los datos del Monitor de Exportación PyME de CAME muestran que las pequeñas y medianas empresas vienen ganando peso dentro del comercio exterior argentino. Durante 2024, las empresas pyme exportaron por USD 10.032 millones, lo que representó un crecimiento interanual del 17,3% y el 12,5% del total exportado por la Argentina. En volumen, las exportaciones alcanzaron 8,5 millones de toneladas, con una suba del 25,1% frente al año anterior, aunque el precio promedio por tonelada registró una caída del 6,3%, ubicándose en USD 1.186. De las 9.269 empresas exportadoras registradas durante ese año, 6.428 fueron pequeñas y medianas empresas: el 69,3% de los operadores del comercio exterior argentino.

 

La distribución geográfica también mostró una mayor diversificación de mercados. Sudamérica concentró el 33,1% de las exportaciones pyme, seguida por Europa con el 24,3%, reflejando una creciente inserción internacional de empresas que históricamente tenían menor presencia exportadora.

 

Ese proceso continuó profundizándose durante 2025. En enero de ese año, las exportaciones pyme alcanzaron USD 755 millones —equivalentes al 13,6% del total exportado del mes—, con un crecimiento interanual del 22,2%. En volumen se exportaron 580.821 toneladas, un 10,7% más que en igual período del año anterior, mientras que el precio promedio por tonelada alcanzó los USD 1.301. De las 3.463 empresas exportadoras registradas durante ese mes, 2.362 fueron pymes: el 68,2% de los operadores de comercio exterior argentinos.

 

Los datos más recientes muestran incluso una aceleración de la dinámica exportadora pyme. Entre enero y abril de 2026, las exportaciones de las pequeñas y medianas empresas totalizaron USD 3.557 millones —el mayor nivel para un primer cuatrimestre desde 2013—, con un crecimiento interanual del 32,6%.

 

DATOS CLAVE  · PyMEs EXPORTADORAS  ·  PRIMER CUATRIMESTRE 2026

 

  •  USD 3.557 millones exportados entre enero y abril de 2026, el mayor nivel desde 2013.
  • · Crecimiento interanual del 32,6%.
  • · Suba del 101,1% en Combustibles y Energía.
  • · Incrementos del 42,7% en MOA, 29,4% en Productos Primarios y 17,5% en MOI.
  • · Crecimiento exportador del 61,9% en microempresas, 36,8% en pequeñas y 23,3% en medianas.
  • · Expansión del 103,5% de las exportaciones pyme hacia Estados Unidos.

 

La lectura sectorial de estos datos es relevante. El crecimiento en Combustibles y Energía refleja el derrame del desarrollo de Vaca Muerta hacia proveedores, operadores logísticos y empresas de servicios vinculadas al sector. A su vez, el mayor crecimiento relativo de las microempresas sugiere que la simplificación operativa y la apertura de nuevos canales están reduciendo barreras históricas de acceso al comercio exterior.

También aparece una mayor diversificación de destinos. Estados Unidos más que duplicó sus compras a pymes argentinas, mientras que España y China mostraron fuertes incrementos interanuales.

El crecimiento exportador pyme convivió, al mismo tiempo, con una mayor competencia interna derivada de la incorporación de bienes importados. Esa coexistencia entre apertura y expansión exportadora desafía la idea de que la competencia externa necesariamente destruye producción nacional. Lo que queda expuesto frente a la competencia es la ineficiencia sostenida artificialmente. Lo que logra crecer es el valor diferencial real.

El mensaje para las empresas es claro: el mercado externo dejó de ser un espacio reservado exclusivamente para grandes corporaciones. Pero aprovecharlo requiere estrategia, profesionalización e información. Ya no alcanza con reaccionar frente a una coyuntura favorable.

 

III. ARGENTINA FRENTE AL NUEVO MAPA GLOBAL

El mundo que conocíamos antes de 2020 cambió profundamente. La pandemia, la guerra en Ucrania y las tensiones entre Estados Unidos y China modificaron la lógica de las cadenas globales de suministro. La eficiencia de costos dejó de ser la única prioridad. Hoy las empresas globales también buscan resiliencia, diversificación y seguridad geopolítica.

Los conceptos de nearshoring y friendshoring empezaron a redibujar parte del comercio internacional. Las compañías buscan proveedores más cercanos, más previsibles o geopolíticamente alineados para reducir riesgos operativos.

En ese contexto, Argentina tiene ventajas objetivas que todavía no termina de capitalizar plenamente. Es uno de los pocos países capaces de garantizar simultáneamente abastecimiento de alimentos, energía y minerales críticos. La consultora Abeceb proyecta que las exportaciones argentinas podrían superar los USD 94.000 millones en 2026, por encima del récord histórico alcanzado en 2022. Aunque las previsiones oficiales indican que podríamos superar los USD 100.000 millones.

Los combustibles y la energía ya representan cerca del 18% de las exportaciones argentinas, triplicando su participación respecto de 2019. Al mismo tiempo, la matriz exportadora empieza a mostrar una mayor desconcentración regional, con Patagonia y el NOA ganando peso relativo.

“En un mundo convulsionado, Argentina puede garantizar abastecimiento cuando otros no pueden. Esa es una ventaja competitiva concreta. El desafío es convertirla en posicionamiento estratégico.”

Hay además un factor que muchas veces queda fuera del análisis económico tradicional: la seguridad geopolítica. Mientras parte de las empresas globales evalúan riesgos vinculados a conflictos armados o tensiones regionales, Argentina aparece como un territorio relativamente estable y alejado de los principales focos de conflicto internacional.

El acuerdo MERCOSUR–Unión Europea, vigente desde mayo de 2026, abre una vía preferencial hacia un mercado de más de 450 millones de consumidores, especialmente relevante para sectores con mayor valor agregado. No resuelve por sí solo los problemas estructurales de competitividad, pero sí mejora las condiciones de inserción internacional para muchas empresas argentinas.

 

IV. EL CAMBIO DE MENTALIDAD

El verdadero desafío no pasa solamente por la macroeconomía ni por las decisiones de política comercial. También pasa por un cambio de mentalidad empresaria. Durante años, muchas empresas aprendieron a administrar restricciones. Supieron sobrevivir en contextos de escasez, controles y volatilidad permanente. Pero el nuevo escenario exige otra lógica: administrar competitividad. Eso implica repensar cadenas de valor, incorporar inteligencia comercial, profesionalizar áreas de comercio exterior y construir diferenciales sostenibles más allá del precio. La competitividad hoy también se juega en logística, financiamiento, servicio posventa, trazabilidad y capacidad de respuesta.

Existe además una trampa frecuente en los períodos de transición: esperar el momento perfecto. La estabilidad absoluta, la certidumbre total o el contexto ideal rara vez aparecen de manera completa. Y mientras tanto, otros competidores avanzan. La ventana de oportunidad que abre la reorganización del comercio global no es permanente.

“Si competimos únicamente por precio, probablemente quedemos afuera. Si ofrecemos una solución integral —servicio, asistencia, financiamiento y confiabilidad— el posicionamiento cambia por completo.”

Por supuesto, siguen existiendo desafíos estructurales importantes. La presión tributaria, el costo argentino y la infraestructura continúan siendo limitantes relevantes. Pero las empresas tampoco pueden quedar inmovilizadas esperando que toda la reforma estructural ocurra antes de actuar. La agenda privada tiene que avanzar en paralelo.

 

V. EL PISO, NO EL TECHO

Las exportaciones argentinas de bienes superaron los USD 87.000 millones en 2025 y las proyecciones privadas apuntan a nuevos máximos históricos en 2026. Las pymes exportadoras registraron su mejor desempeño en más de una década y la matriz exportadora empieza a diversificarse tanto sectorial como regionalmente. No son datos menores. Son señales de una transformación que todavía está en proceso de consolidación. El error sería interpretar este momento como un punto de llegada.

El récord puede ser el piso de una nueva etapa y no el techo de la anterior. La distancia entre ese piso y el verdadero potencial exportador argentino dependerá, en gran medida, de las decisiones que se tomen durante los próximos años tanto desde el sector público como desde el privado.

Argentina tiene recursos naturales estratégicos, capacidad agroindustrial, talento profesional y un entramado pyme que ya demostró capacidad para exportar incluso en contextos adversos. Lo que muchas veces falta no es capacidad sino decisión estratégica: incorporar el comercio internacional como parte central del modelo de negocios y no únicamente como una salida coyuntural frente a crisis internas.

“El récord no es el techo. Es apenas la línea de partida de una cancha que Argentina recién empieza a jugar en serio.”

El nuevo escenario exige administrar la competitividad con la misma sofisticación con la que durante años se administró la escasez. Y administrar competitividad implica, antes que nada, decidir competir. Nunca es mejor momento que ahora. Siempre va a existir una coyuntura para esperar. Pero si algo demostró el empresario argentino es que nunca necesitó condiciones perfectas para salir a jugar.

Porque mientras discutíamos si entrar o no a la cancha, el mundo siguió jugando. Otros países ocuparon mercados, desarrollaron cadenas de valor y construyeron ventajas competitivas. Y aun así, incluso en ese contexto, las empresas argentinas siguieron encontrando la manera de competir.

Hay algo profundamente argentino en eso: avanzar incluso cuando parecía improbable, adaptarse cuando las reglas cambiaban y seguir jugando partidos que desde afuera parecían perdidos antes de empezar. Porque somos argentinos, somos distintos y eso nos hace valiosos. Porque si intentamos explicarnos, no nos entenderíamos, pero logramos cosas que son para muchos imposibles.

 

Fuente: www.NetNews.com.ar

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